“Los lugares más calientes del infierno están reservados para los que, en periodos de crisis moral, mantienen su neutralidad.” – John F. Kennedy parafraseando a Dante Alighieri
Recientemente participé en las vistas del Grupo de Trabajo del Presidente de EE.UU. sobre el Estatus de Puerto Rico. Allí refuté los argumentos espurios del anexionismo más recalcitrante sobre el tema económico.

Valdés Prieto deponiendo ante el Comité de la Casa Blanca sobre el estatus de Puerto Rico. (N. Gingold/Especial END)
En la vista se reveló que el acostumbrado obstruccionismo económico de este sector tiene un nuevo mote: la neutralidad en cuanto al estatus de Puerto Rico. El argumento básico es que para no cargar el debate del estatus a favor de alguna alternativa, todas las medidas económicas que se consideren deben ser viables bajo cualquiera de las opciones.
Traducido a la realidad, que si una propuesta para crear empleos bajo el Estado Libre Asociado no fuese viable bajo la estadidad, debiera descartarse porque al mejorar la situación económica podría restarle adeptos al anexionismo.
Esta retórica es no sólo absurda sino sumamente peligrosa. Las primeras víctimas de ella son los miles de puertorriqueños que perdieron su empleo con la entrega de la sección 936 por la Administración Rosselló y su entonces Secretario de Desarrollo Económico, Luis Fortuño. Dicha disposición federal no era viable bajo la estadidad y, por tanto, aún si nos conviniese, su eliminación era necesaria para mantener la supuesta neutralidad de los mecanismos que utiliza Puerto Rico para allegar inversión y crear riqueza. El resultado fue la pérdida de cerca de 70,000 buenos trabajos manufactureros, un 44% del total, en los últimos 15 años.
Por otro lado, sin los incentivos provistos a estas empresas para mantener sus ganancias depositadas en la banca local, hubo una fuga masiva de capital produciendo, junto a otros factores, la pérdida de valor de diversas instituciones financieras y hasta el cierre de tres de éstas en las últimas semanas.
Y así nos quedamos sin la soga y sin la cabra: ni logramos obtener otras herramientas de desarrollo económico ni logró el PNP la anexión.
Esta mentalidad, dispuesta a todo, incluso de poner el partidismo por encima del interés público, es la que nos ha sumido en este marasmo colectivo. Equipararnos a los estados, sin ser uno de ellos, es entregar las ventajas competitivas que ostentamos. El extremismo del liderato anexionista representa la amenaza más grande para nuestro crecimiento económico y para el bienestar de las generaciones actuales y futuras de puertorriqueños.


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