Para principios de enero de 2009, la Administración Fortuño puso el grito en el cielo y solicitó de la Asamblea Legislativa una serie de medidas para tomar miles de millones de dólares prestados a los fines de poder pagar la nómina. Se decía, en aquel momento, que no habría con qué pagar la nómina pública de la primera quincena de este año si no se aprobaban estas medidas de inmediato. La Legislatura dio su aval y ya para el 14 de enero el Gobernador había estampado su firma sobre cuatro proyectos de ley, entre ellos, uno que levantaría $4,000 millones dedicándole un por ciento adicional del IVU al repago de la deuda de la Corporación del Fondo de Interés Apremiante (COFINA).
En expresiones citadas por El Vocero, en un artículo del 9 de enero de 2009, el Gobernador indicó que:
Con estas tres medidas vamos a asegurar la nómina del gobierno, vamos a pagarle [sic] a los suplidores del gobierno sobre 750 millones de dólares, incluyendo pequeños y medianos comerciantes y organizaciones sin fines de lucro, y vamos a financiar el paquete de estímulo económico criollo, el cual estamos trabajando que debe rondar alrededor de los $500 millones (Énfasis suplido).
El Portavoz de la Mayoría en el Senado, Roberto Arango, coincidió con la apreciación del Gobernador. En un artículo de El Vocero publicado el 14 de enero, “Roberto Arango, negó el miércoles que hubiese dinero para pagar la nómina del jueves, como alegan los legisladores populares. […] A su juicio, ‘era importante, era urgente’ la aprobación de las cuatro medidas.”
Sin embargo, en un artículo del 20 de febrero, el periódico El Nuevo Día reseña que el BGF ahora descarta el realizar la nueva transacción de COFINA por las condiciones del mercado. “Por ende, la emisión de bonos de hasta $4,000 millones que tenía en agenda el Gobierno tendrá que esperar,” lee el artículo.
Ante esta situación debemos preguntarnos cómo el Gobierno está pagando la nómina pública. De nuevo, las medidas se aprobaron sin análisis alguno bajo la premisa de que urgía tomar este dinero prestado para pagar la nómina de la primera quincena de enero. ¿Cómo entonces sin haber realizado la transacción ha podido el Gobierno pagarles a los servidores públicos?
Y no olvidemos que este cuestionamiento se suma al hecho de que en el caso de miles de empleados públicos que reciben sus salarios por depósito directo, esa primera quincena de enero recibieron un depósito equivalente al doble de su salario ordinario.
¿No será entonces que, como este autor ha reseñado en innumerables ocasiones, se exageró la gravedad de la situación fiscal para justificar unas decisiones que previamente eran criticadas por los mismos que ahora predican la necesidad de tomar prestado para cuadrar el presupuesto gubernamental?